NUESTRO ENTORNO

Hábitat de Lucanus cervus y Rosalia alpina

Hayas trasmochas de Motxotegi, santuario de biodiversidad

Mikel Fernández de Larrinoa– Carlos Garrido. Técnicos de la Dirección General de Medio Ambiente. Diputación Foral de Bizkaia

Decía León Tolstoi que «hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego». Desde luego, quien se pierda en el hayedo de Motxotegi (Ubide) va encontrarse con mucho más que simple madera para la lumbre. Se va a topar con un bosque de elevado valor naturalístico, en gran parte gracias a la práctica forestal tradicional del trasmochado, que ha generado diferentes hábitats donde convive una rica comunidad de seres vivos.

Es un día espléndido y caluroso de mediados de julio. Llegamos al depósito de sal para uso viario, al borde de la carretera que se dirige al Alto de Barazar, y tomamos a la derecha la pista que se adentra en el bosque. Sin darnos cuenta, estamos cerca de la cuna del forestalismo en Bizkaia; no en vano en estos parajes se iniciaron las primeras experiencias en nuestro territorio histórico en el cultivo de árboles maderables. Aprieta el sol del mediodía mientras serpenteamos por este camino que, poco a poco, nos va introduciendo en la frescura del hayedo.

El Hayedo de Motxotegi es un bosque biodiverso, que ocupa el monte del mismo nombre, en el municipio bizkaitarra de Ubide. Con alrededor de 40 hectáreas, se ubica en un lugar estratégico, en plena divisoria de aguas, y actuando como enlace ecológico entre distintos espacios naturales del entorno: Urkiola, Gorbeia, Embalses del Zadorra.

Siguiendo el sendero hacia la cima, brusca y sorpresivamente dejamos la parte umbría del bosque para encontrarnos con una zona aclarada, luminosa. Aquí, cualquier persona diría que se ha producido una gran destrucción: árboles reducidos a una mera estaca «pelada», troncos profusamente mutilados, abundante restos de madera esparcidos por el suelo... Los carteles dispuestos en el lugar ya nos aclaran lo ocurrido. La Diputación Foral y el Ayuntamiento de Ubide han realizado 2 experiencias de trasmochado de 2,5 hectáreas, con el doble objetivo de su aprovechamiento tradicional y de preservación de la biodiversidad.

Pero, ¿qué es el trasmochado? Es un tipo de poda en donde se eliminan partes del árbol (haya, roble, aliso, …), interrumpiendo la vía de su crecimiento natural y modelando su desarrollo vital y su aprovechamiento forestal para compatibilizarlo con un uso ganadero. Ha sido una práctica forestal tradicional que ha posibilitado durante siglos un aprovechamiento aceptablemente sostenible de los bosques autóctonos, suministrando madera para diferentes usos: construcción (navíos, caseríos,…), fabricación de útiles (armas, muebles,…), combustible (ferrerías, hogares,…); también aportando abono para labores agrícolas, alimento para ganado, etc. Destaca la búsqueda de formas especiales para usos concretos, como la típica «horca y pendón» para la construcción naval medieval.

Los bosques de trasmochos son reservas de biodiversidad, espejos de los antiguos bosques primarios que hace siglos poblaban Europa, para cuyo establecimiento, mediante evolución natural del ecosistema boscoso, harían falta muchísimos años sin intervención humana. Gracias al «envejecimiento» prematuro que les otorga el trasmoche, los ejemplares cumplen todas las funciones propias de los árboles añosos e incluso senescentes, como lugar de refugio y alimentación de multitud de especies dependientes de la presencia de este arbolado viejo y, sobre todo, como hábitat de una comunidad de especies muy singular: la fauna saproxílica.

Mientras paseamos entre estas trasmochas, nos llama la atención que, al contrario que en otros bosques, en donde su «limpieza» ha supuesto la falta de madera muerta, aquí sí hay gran cantidad de troncos y ramas en el suelo. Un aspecto esencial del trasmoche realizado es la provisión de madera muerta, base trófica para el asentamiento de la fauna saproxílica, aquella que depende en alguna parte de su ciclo de vida de la madera muerta, en descomposición, o de los organismos presentes en ellos. Sólo la presencia de una cantidad suficiente de madera en todas las etapas de muerte y descomposición puede garantizar la presencia, más o menos completa, de la fauna saproxílica de un bosque.

Otro aspecto crucial del trasmochado es la heterogeneidad espacial y la complejidad estructural que proporciona a los bosques, algo fundamental para la supervivencia de estos insectos. No obstante, la biodiversidad dentro de cada bosque depende también de fenómenos históricos y, dado que la fauna saproxílica ha vivido en el pasado en extensas masas forestales de alta heterogeneidad y complejidad, los procesos evolutivos han conducido a esta fauna a elevados niveles de especialización, en relación con una extraordinaria diversidad y abundancia de nichos o microhábitats. Ello ha provocado la aparición de numerosas especies, pero con muy baja capacidad de dispersión que, al transformar el ser humano esas forestas primigenias en bosques reducidos, fragmentados, de baja heterogeneidad y complejidad, ha provocado la extinción, o casi, de una fracción considerable de estos insectos.

Llegamos a la cima del Motxotegi. Con Gorbeia al fondo, contemplamos a nuestros pies el hayedo trasmocho y pensamos que merece la pena conservar esta reserva biológica, este legado cultural. Aquellos que quieren continuar con una explotación forestal, pero de una manera sostenible, aprovechando los servicios de la naturaleza y compatibilizando todos los usos posibles, seguro que comprenden con facilidad las ventajas del trasmoche. A los que reclaman una actitud conservacionista estricta, un no intervenir, dejando que el ecosistema boscoso evolucione naturalmente, también les es fácil entender el papel biológico y ecológico crucial que juegan los árboles trasmochos en los bosques actuales. Mientras se consigue recuperar manchas de bosque ecológicamente funcionales, que evolucionan de manera natural hasta alcanzar un estado óptimo de madurez, los árboles trasmochos pueden ayudar a mantener buena parte de la diversidad de especies propias de estos bosques mejor conservados. 

Fauna de insectos (Entomofauna) de Motxotegi

La Diputación Foral de Bizkaia encargó al entomólogo Santiago Pagola la prospección del hayedo de Motxotegi para identificar la presencia de insectos amenazados y de interés y evaluar así la biodiversidad de este bosque. Fruto de ese trabajo ha sido la localización, en el hayedo, de dos especies incluidas en las diferentes listas y catálogos de especies amenazadas y/o que necesitan algún grado de protección, como son Lucanus cervus (Linnaeus 1758), el majestuoso ciervo volante y Rosalia alpina (Linnaeus 1758), escarabajo longicornio de enorme belleza y preocupante rareza y vulnerabilidad.

Además de estas dos especies emblemáticas, se han identificado más de una decena de insectos saproxílicos, entre los que destacan los brillantes y metálicos cetónidos Cetonia aurata (Linnaeus, 1761) y Gnorimus nobilis (Linnaeus 1758). También se han hallado ejemplares de otras especies, muchas de ellas típicas de los hayedos montanos, pero todas de singular belleza como los cerambícidos Clytus arietis (Linnaeus 1758) y Stictoleptura scutellata (Fabricius, 1781).

Asimismo, revoloteando por los claros y calveros del hayedo, y también en los prados cercanos, se han detectado más de una veintena de mariposas diurnas, incluyendo al ninfálido Euphydryas aurinia (Rottemburg, 1775), protegido por la Directiva Hábitats; la especie Araschnia levana (Linnaeus 1758) también se ha localizado en Motxotegi, siendo un taxón de especial vistosidad y peculiaridad, dado que presenta dos generaciones con un aspecto cromático totalmente diferente, una primaveral de colores rojizos y otra estival de tonos blanquinegros.