RUTAS

La XI Marcha de los Molinos ofrece naturaleza y etnografía

Zeanuri de molino en molino

Texto y fotografías: Jon Urutxurtu

Trabajando en la antepara del molino de Olabarri. Caminar es una de las mejores maneras de conocer los bellos parajes y el patrimonio que alberga nuestra geografía. Y eso es lo que ofrece la XI Marcha de los Molinos de Zeanuri: dar la oportunidad de conocer el patrimonio de los molinos y algunas de las barriadas que conforman este municipio vizcaíno asentado en las faldas del monte Gorbeia.

El próximo 8 de mayo tendrá lugar en Zeanuri la XI Marcha de los Molinos. En total son dieciocho los molinos –la mayoría abandonados, pero algunos otros rehabilitados– que se hallan diseminados a lo largo y ancho de los límites de la localidad arratiana; todos son hidráulicos y el itinerario transcurre junto a nueve de ellos.

Participantes de la edición  de  2015, dirigiéndose hacia la presa del embalse de Undurraga.

La salida tendrá lugar a las 09:00 horas de la mañana en la plaza del pueblo, frente al Ayuntamiento. En el primer kilómetro las personas participantes pasarán junto a los molinos de Alcibar y Errotabarri, y posteriormente bordearán el embalse de Undurraga; nada más dejarlo atrás, se encontrarán con el molino Barrengoerrota, ubicado al borde del arroyo Beretxikorta. De aquí se ascenderá hacia el caserío Agarre, para, seguidamente, descender hacia la barriada de Undurraga y dirigirse al molino de Ibargutxi; se trata de un molino rehabilitado por la familia Larrazabal, donde aquellos que lo deseen tendrán la oportunidad de acceder a su interior para contemplarlo en funcionamiento. Desde Ibargutxi caminarán hacia el molino de Lanbreabe, y desde aquí se volverá hacia el embalse de Undurraga para bordearlo, en esta ocasión, por la margen opuesta; frente a la presa del embalse estará ubicado el punto de avituallamiento. Tras reponer fuerzas, los caminantes se adentrarán primero en la barriada de Otzerinmendi y después en la de Uribe, donde pasarán junto a los molinos de Intxaurbe, Axpe y Zulaibar, y ya en el último kilómetro del recorrido, se encontrarán con el molino de Olabarri, que está totalmente rehabilitado y acondicionado para recibir visitas; se podrá acceder al interior para contemplar las diferentes dependencias y verlo en funcionamiento, y, finalmente, enfilar los últimos 300 metros que restan hasta alcanzar la meta situada en la plaza de Zeanuri.

Quienes hayan completado los aproximadamente 18 kilómetros del recorrido habrán tenido la oportunidad de conocer el patrimonio de los molinos de Zeanuri y gozar de la sinfonía de colores que por estas fechas primaverales ofrece la naturaleza. 

LOS MOLINOS DE ZEANURI

A finales del siglo XIX en Zeanuri había 18 molinos y 6 ferrerías. Desde entonces poco a poco ambas actividades fueron perdiendo fuerza, hasta que la crisis de las ferrerías trajo la total desaparición de estas viejas fábricas en la segunda mitad del XIX. Como consecuencia de esta decadencia, se produjo una vuelta a las actividades agrícolas que exigieron la roturación de nuevas tierras y un mayor número de molinos para moler las cosechas de cereal cada vez más abundantes, de forma que numerosas ferrerías se transformaron en edificios de molturación.

La agonía de los molinos se agudizó a partir de mediados del siglo XX: hace unos cincuenta años funcionaban en Zeanuri unos 11 molinos; en 1979 solamente funcionaban 3 y de ellos 2 lo hacían para casa, esto es, sin clientes. Todos los molinos que existen o se recuerdan en Zeanuri han sido hidráulicos y se asientan en los cuatro cursos de agua principales de la anteiglesia: Río Arratia (Lanbreabe, Ibargutxi, Alkiber, Errotabarri, Altziber y Olabarri); Arroyo de Beretxikorta (Goikoerrota, Erdikoerrota, Barrengoerrota y molino de Undurraga); Arroyo de Uribe (Atxiti, Intxaurbe, Axpe y Zulaibar); y Arroyo de Asterria (Ibarre, Landaburu, Akauri y Uribiarte).

De estos 18 molinos, cuatro fueron antiguamente ferrerías –olak–: Lanbreabe, Ibargutxi, Altziber y Olabarri. Existieron otras dos ferrerías: Olazar y Olabarri de Undurraga.

Zona de turbinas del molino de Ibargutxi.
Ibargutxi y Olabarri: Los molinos que se visitan

MOLINO DE IBARGUTXI

En el siglo XIX fue ferrería. Trabajó con tres piedras, aunque actualmente tiene dos. La tercera, que dejó de trabajar en 1950, se usaba para moler cebada y pienso, y aprovechaba el agua que anteriormente había movido a las otras dos. En el año 1945 instalaron una turbina y un generador para producir energía eléctrica y hasta 1978 Ibargutxi vendía electricidad a algunos caseríos de las barriadas de Altzua, Ipiñaburu y Undurraga.

El molino está totalmente rehabilitado, y de vez en cuando sus piedras muelen trigo o maíz para consumo doméstico. También produce electricidad.

El último molinero profesional de Ibargutxi fue Gabriel Larrazabal. Los actuales propietarios son sus hijos Vitoriano, Satur y Mª Jesús, quienes han rehabilitado el molino y su entorno.

MOLINO DE OLABARRI

Originariamente fue ferrería, y así aparece mencionado en la documentación del S. XVI. En la segunda mitad del siglo XIX fue transformado en molino.

Tiene tres piedras y, más por razones sentimentales que por otra cosa, aún hoy en día las muelas del molino de Olabarri continúan surtiendo harina de maíz a la «clientela de siempre».

Tanto la ferrería como el molino de Olabarri formaban parte del mayorazgo de la familia Arriola, «patrona» de Zeanuri. Fue el 30 de noviembre del año 1898, cuando Isidro Pujana se hizo cargo del molino en régimen de arrendamiento. En los años cincuenta del pasado siglo XX, Benigno Pujana —hijo de Isidro— compró el molino. Benigno trabajó como molinero hasta su fallecimiento el 11 de octubre de 1995. Tras su muerte, es su hija Ana Mari quien mantiene vivo el oficio que durante más de un siglo ha sido el medio de vida de su familia. Esta circunstancia ha llevado a los Pujana a cuidar, restaurar y acondicionar las instalaciones del viejo molino, y darle una nueva función: la de recibir visitas y mostrarlo a todas aquellas personas que estén interesadas en conocer esta industria tradicional y su funcionamiento.