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Neberondo

Áreas de esparcimiento de la Diputación Foral de Bizkaia

Áreas de esparcimiento de la Diputación Foral de Bizkaia

El área de esparcimiento de Neberondo está situada en el municipio de Durango bajo la tutela del Departamento de Sostenibilidad y Medio Natural de la Diputación Foral de Bizkaia. 

Para acceder al área de esparcimiento nos situamos en la plaza Ezkurdi de Durango. Desde allí nos dirigimos por la calle San Agustinalde hacia el Museo de Arte e Historia, donde nos desviamos a la derecha por la calle San Roke. Pasamos bajo la circunvalación y ascendemos en fuerte pendiente por una estrecha carretera que, entre caseríos y pastizales, atraviesa el barrio de San Andrés (Iurreta). En su parte alta encontramos una pequeña ermita y poco despúes la estrecha carretera da paso a una pista de grava que nos interna en un pinar. Tras recorrer 600 metros la pista se bifurca. Continuamos por la izquierda, hasta llegar de nuevo a otra bifurcación (400 m). Siguiendo en este caso la mano derecha y ascendiendo durante un kilómetro, llegamos al área de esparcimiento Neberondo.
 
Imagen del área de esparcimiento de Neberondo

Equipamientos


  • Aparcamiento

  • 6
    Nº de Asadores

  • 7
    Nº de Mesas

  • Papeleras

  • Playas de sol

  • Refugio o zona cubierta

  • Vistas panorámicas

  • Zona de sombra

Observaciones

Está ubicada dentro de los límites del Parque Natural de Urkiola. Un panel informativo situado a la entrada del área de esparcimiento señala la normativa específica que todos debemos cumplir al adentrarnos en este entorno privilegiado. 

Sin duda alguna, el elemento más representativo lo constituye la nevera, una curiosa construcción de forma cupular que da nombre a esta área de esparcimiento. En los alrededores, las mesas y asadores aprovechan las irregularidades del terreno para asentarse, distribuyéndose algunos de estos servicios entre el cercano pinar y una alambrada que protege una extensa repoblación de pinos y hayas. 
 
Rodeando ésta última y bajando por un camino herboso que desciende junto a ella, llegamos a la fuente que se sitúa al fondo de una pequeña vaguada, sobre la que se asientan varias mesas y asadores. El aparcamiento está en el camino. La propia nevera es refugio o zona cubierta.

Visitas y paseos por los alrededores

La nevera

Esta nevera es una de las muchas que en otros tiempos abundaron en nuestros montes, que servían para conservar en su interior la nieve caída durante el invierno. De esta manera, las poblaciones circundantes podían abastecerse de hielo durante un período de tiempo más largo.

Muchas de estas neveras eran propiedad de los distintos ayuntamientos y su explotación salía a subasta una vez al año, contratando el arrendatario a los peones que debían llenar los pozos de nieve, cuidarla y cortar el hielo para los compradores y las compradoras.
 
En la actualidad el profundo foso de esta nevera ha sido sellado, y su cúpula superior, construida en sillería, acondicionada a modo de refugio, albergando en su interior una chimenea central rodeada por varios bancos, todo ello protegido por una puerta giratoria que impide el paso del ganado al interior.
 
El barrio San Andrés
 
La carretera de acceso al área de esparcimiento transita entre recios caseríos, desperdigados por la amplia ladera que desde la cumbre del Mugarra desciende hacia el valle del Ibaizabal. En la parte alta, en un agradable emplazamiento a la sombra de un reducido grupo de robles, encontramos la pequeña ermita de San Andrés, que da nombre al barrio. Desde este hermoso lugar podemos disfrutar de unas magníficas vistas sobre el municipio de Durango.
 
El día 9 de mayo, festividad de San Gregorio se celebra misa con bendición de agua. El sacerdote bendice los campos mediante una rama de laurel. A este día se le conoce como “arren eguna”.

El monte Mugarra 

El área de esparcimiento está situada al pie de la impresionante peña del Mugarra, cuya figura, particularmente esbelta vista desde el este, asemeja un gigantesco mugarri (mojón). Su cara norte está constituida por una pendiente muy pronunciada que se muestra en toda su grandeza sobre el área de esparcimiento.

En esta ladera perdura un viejo sendero que asciende zigzagueante hacia la cresta, uniendo algunas bocaminas, camufladas en el roquedo, por las que antaño se extraía mineral.
 
Si miramos con detenimiento en la pared podemos observar una pequeña oquedad y, junto a ella, una carcomida estructura de madera en la que se sustentaba el cable por el que descendían las vagonetas cargadas de mineral.
 
En las zonas más impracticables, rocosas o de mucha pendiente, perduran algunas extensiones de encinar cantábrico, restos del bosque original, que unen, a su interés natural, su carácter relicto, dado su origen en épocas con características climáticas distintas a las actuales. Debido a ello, su regeneración, en caso de tala o quema, es muy dificultosa, siendo necesaria su conservación como ecosistema frágil y valioso.
 
Paseo al vivero Dolometa
 
Desde la parte baja del área de esparcimiento podemos descender por una pista forestal hasta el cercano vivero Dolometa. Transcurridos unos 10 minutos de marcha por la pista, llegamos a una ancha pista de grava, donde giramos  a la izquierda. 300 metros más adelante, encontramos una bifurcación donde continuamos por la derecha, descendiendo suavemente, hasta las cercanas instalaciones del vivero. En este lugar existe una casa forestal y frente a ella, un abrevadero con su fuente y una mesa construida con una piedra de molino.
 
Todos los alrededores están poblados con especies forestales de distinto género. La variedad es la nota destacable y no nos será difícil reconocer, entre otros, algunos ejemplares de roble común y americano, abedul, fresno, ciprés, abeto, alerce... Acompañados con una sencilla guía de árboles, podremos disfrutar aprendiendo a identificar las numerosas especies exóticas y autóctonas que pueblan la zona.
 
Encinar cantábrico
 
Para llegar a este bosque atravesamos el área de esparcimiento junto a la alambrada. En el punto donde ésta gira para descender a la izquierda, encontramos indicado en el suelo un gran "mugarri" que delimita tierras de Izurtza y Durango, cuyas iniciales se hallan grabadas en ambas caras de la piedra.
 
Cruzamos un ancho cortafuegos herboso y nos introducimos de frente en el pinar, a cuyo término finaliza la pista. En este lugar se inicia el encinar cantábrico. Su denso follaje apenas deja espacio para caminar por el interior y sólo unas pequeñas sendas de ganado se aventuran a través de la cerrada vegetación.
 
Estos bosques crecen en las laderas más soleadas de nuestras montañas y pueblan los lugares más agrestes e inhóspitos. La encina es un árbol fuerte que no precisa de profundos y ricos suelos para desarrollarse. Resiste bien las inclemencias del tiempo, los fríos y las lluvias, las sequías y los fuertes calores. No hace mucho tiempo, los encinares cubrían grandes espacios en nuestros roquedos,  pero sólo el ser humano ha sido capaz de arrebatarle sus dominios.

Datos de interés

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