EN EL PLANETA TIERRA

En busca de lo salvaje (III)

Pumas en la Patagonia

Texto y fotografías: Andoni Canela

En esta tercera etapa del viaje emprendido por Andoni Canela por los seis continentes del planeta (En busca de lo salvaje – Looking for the wild), nos trasladamos a la región más austral de América, la Patagonia, para revivir con él su encuentro y vivencias con uno de sus moradores más insignes: el puma.

El puma es un felino elegante, ágil y muy fuerte. En muchos lugares de Latinoamérica le llaman León o ‘León de montaña’. Vive a lo largo del continente americano, desde Alaska al sur de la Patagonia. Es el gran felino de las montañas junto a su primo asiático, el leopardo de las nieves. El puma puede encontrarse en distintos tipos de bosque, en pluvisilvas, en montañas, en zonas semidesérticas, en humedales o en praderas. Por eso, se considera el mamífero de mayor distribución en toda América.

El principal peligro al que se enfrenta el puma, que no tiene depredadores naturales, es la destrucción de su hábitat y la caza por parte del ser humano. En la mitad este de EEUU quedó totalmente extinto a causa de la caza indiscriminada de los colonos de origen europeo, exceptuando en el estado de Florida. En algunas áreas, sobre todo allí donde convive con población humana y estancias ganaderas (que lo consideran una amenaza para sus rebaños), se halla muy amenazado. En otras áreas más aisladas, la población es más estable.

Un lugar de contrastes

Esta etapa del viaje se desarrolla por la Patagonia, principalmente en territorio chileno, buscando el puma. Los días van transcurriendo en el Parque Nacional de Torres del Paine. El viento baja gélido de los glaciares a primeras horas de la mañana y crea una sensación térmica insoportable. Así empiezan muchos días de verano en Torres del Paine. Sin embargo, pronto comienza a hacer calor y deja de correr el viento. Unos cóndores (los buitres andinos) sobrevuelan la zona. Suben y bajan aprovechando las corrientes térmicas y parece increíble que las aves voladoras más grandes del mundo sean tan livianas.

El puma también busca refugiarse del sol en las rocas o en algún bosque, desapareciendo de nuestras vistas, a veces por espacios muy largos. En ocasiones, tras 12 o 13 largas horas de espera, generalmente con la llegada del atardecer, nos regala con su presencia nuevamente. A veces por espacio de cinco minutos y… nuevamente desaparece hasta otro día.

Este Parque, constituido en 1959 y declarado reserva de la biosfera por la Unesco en 1978, tiene una extensión aproximada de 2.400 km2 (algo más que el Territorio Histórico de Bizkaia). Son especialmente conocidas las cimas que dan nombre al Parque: las Torres del Paine, tres torres de entre 2.600 m  y 2.850 m de altura modeladas por la acción de los glaciares de esta área.

Un estratega de la caza

Un grupo de guanacos, camélidos salvajes de las montañas sudamericanas, descansa con sus crías. La luz es suave y como telón de fondo están las grises montañas del Gran Paine, con una majestuosidad que impresiona. A menos de 300 metros, en lo alto de una colina, hay un puma, sentado, que observa. Es un joven puma que habita este territorio. Tiene el viento a favor y los guanacos nunca podrán olerle. Permanece totalmente inmóvil. Cuerpo a tierra, va acercándose lentamente. Es una aproximación lenta, pausada. Cada vez que el herbívoro agacha la cabeza para comer la hierba, el puma avanza unos pocos metros. Un, dos... tres segundos y se queda quieto, como congelado. El guanaco levanta la cabeza, mira a su alrededor durante un instante y baja la cabeza de nuevo. El puma avanza tres o cuatro metros más. Y así hasta que el puma se coloca a la distancia correcta.

Ha calculado bien, la presa no le ha visto, oído ni olido. El guanaco baja la cabeza por última vez y, ¡zas!, el puma comienza la carrera: un sprint a una velocidad de vértigo directo hasta la presa. Esta se da cuenta y emprende la huida, pero es demasiado tarde. La fuerza y la velocidad del puma hacen que pueda clavar sus zarpas en los cuartos traseros del animal y después los colmillos. El puma lo tiene atrapado y, pasados unos segundos, parece que el guanaco caerá al suelo. Sin embargo, es demasiado grande para el joven felino y tras unos zarandeos logra desprenderse. Esta vez se ha salvado.

A diferencia del león africano, el puma vive y caza en solitario. Se vale de ese cuerpo poderoso, especialmente dotado para el salto y la carrera corta, para abatir a sus víctimas. Aquí, en la Patagonia, se concentra en los guanacos y, a comienzos de verano, se ceba con los chulengos, las crías que se le resisten mucho menos. En otras regiones más al norte del continente tiene otras presas preferidas como, por ejemplo, el ciervo. Y, en todos los casos, completa su dieta con presas menores: liebres, roedores, aves... En ocasiones, también ataca al ganado que tiene al alcance, lo cual le ha llevado a estar en constante conflicto con el ser humano.

Protección versus intereses ganaderos

Los pumas que viven en los límites del Parque Nacional Torres del Paine tienen una especie de salvoconducto que les garantiza la supervivencia. Sin embargo, en las estancias ganaderas cercanas la persecución de los pumas es muy parecida a la que sufren en España los lobos. Ocurre en Chile y todavía más en Argentina. Y el motivo es el mismo: el ataque al ganado. No se valora que los pumas tengan un papel ecológico fundamental en el ecosistema controlando las poblaciones de guanacos. En las enormes fincas de ganado, lo fundamental es proteger a las ovejas del ataque de los pumas o de la competencia de los guanacos por el pasto. En teoría, cuantos menos pumas y guanacos haya mucho mejor para el estanciero, aunque la ecuación no es tan fácil como parece.

Durante el viaje pude observar cómo los ganaderos intentaban proteger a sus rebaños de los pumas y también cómo existen acciones pioneras con perros mastines (con mucho potencial en la defensa de las ovejas) y se estudian las relaciones del puma, el ganado y los guanacos, su presa principal. También escuché de primera mano crónicas de la caza de pumas en las que se utilizan muy diversas –e ilegales– maneras (perros, veneno, diferentes tipos de trampas, etc.). Pero se está demostrando que la caza (ilegal) de pumas y guanacos no es la solución.

http://www.lookingforthewild.com/