GESTIÓN AMBIENTAL

Cada vez más personas la sufren

La pobreza energética

Matxalen Apraiz

La pobreza energética puede definirse como aquella situación que sufren los hogares que no pueden permitirse unos servicios energéticos suficientes para satisfacer sus necesidades domésticas y/o se ven obligados a dedicar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de sus viviendas.

La pobreza energética se origina a partir de tres factores principales: la baja eficiencia energética de las viviendas, el coste de la energía y los bajos ingresos de los hogares. Entre sus consecuencias se encuentran los impactos sobre la salud, la degradación de las viviendas, el aumento en los niveles de deuda de las familias y en algunos casos, unas emisiones de CO2 elevadas.

Hasta hace relativamente poco tiempo era un concepto desconocido en muchos países y en los últimos años ha ido cobrando una creciente importancia como problema social y ambiental hasta acercarse también a nuestro entorno, surgiendo las primeras protestas sociales, lo que ha hecho que muchas comunidades y países la hayan incorporación paulatinamente a su agenda política. La Comisión Europea ya ha empezado a incluir el concepto de pobreza energética a la hora de orientar sus políticas energéticas y de protección de consumidores. De esta manera, las Directivas 2009/72/CE y 2009/73/CE del mercado interior de electricidad y gas obligan a los Estados Miembros a desarrollar planes para abordar este tema. Como el resto de directivas europeas, España deberá transponerla para que su aplicación sea efectiva, si bien Cataluña lo ha incorporado en su planificación energética para 2015.

En este sentido, cabe destacar el informe de septiembre 2013 de la Diputación Foral de Gipuzkoa sobre la pobreza y la exclusión social en este territorio histórico, cuyos resultados señalan que algo más de un 9% de los hogares guipuzcoanos podrían estar sufriendo situaciones de pobreza energética, bien porque destinan más del 10% de sus ingresos a pagar la factura energética (9,4%), bien porque no pueden mantener su vivienda a una temperatura adecuada en los meses fríos del año o han tenido retrasos en el pago de los recibos relacionados con el consumo energético. A pesar de que actualmente no existe un sistema de medición único ni aceptado de manera general para medir la pobreza energética, estos resultados ponen de manifiesto que la pobreza energética, un fenómeno con repercusiones negativas muy importantes, podría afectar a un sector nada desdeñable de nuestra sociedad. Aunque, en el marco europeo, la falta de estadísticas y estudios relevantes impide aportar datos precisos sobre el número de personas afectadas, se estima que en Europa hay entre 50 y 125 millones de personas que sufren esta situación y que su incidencia probablemente aumentará a causa de la crisis económica y de la escalada del precio de la energía.

A nivel estatal, más de siete millones de ciudadanos en España sufren de pobreza energética, circunstancia que agravan la crisis y el desempleo, es decir, un problema que afecta a quienes necesitan más de un 10% de sus ingresos para cubrir las necesidades de energía en sus hogares. Estos datos sitúan a España como el cuarto país con más pobreza energética de la Unión Europea (UE), donde 54 millones de personas lo sufrieron en 2012. Así lo apunta el segundo informe de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) sobre la Pobreza Energética en España. Tal es así que, en 2012, último año con datos disponibles, uno de cada tres hogares en paro se encontraba en situación de vulnerabilidad frente a la pobreza energética, de ahí que el estudio recoja la necesidad de diseñar una estrategia nacional para su prevención y mitigación que mejore la eficiencia energética de los edificios, como solución más óptima a medio y largo plazo

Un factor clave para esta pobreza energética, mucho más habitual de lo que se pudiera pensar, es el precio de la electricidad. Desde el Parlamento ya se han exigido medidas para evitar cortes de luz a colectivos vulnerables para que a ningún ciudadano o ciudadana se le pueda cortar el suministro de luz, agua o gas. Para ello se ha pedido el establecimiento de precios más justos para la energía y el agua y frenar la continua subida de precios de la luz.

Todo ello hace necesario que la pobreza energética sea visible a nivel político, económico y social para estudiar cómo combatirla a través de programas para la mejora de la eficiencia energética en la vivienda, tanto nueva como sobre todo en la ya existente, priorizando los hogares que padecen esta situación. Según la ACA, rehabilitar los 2,1 millones de viviendas con pobreza energética en España (dato de 2010) requeriría 2.150 millones de euros anuales, una inversión que generaría 35.500 empleos estables de aquí a 2030. También habría que realizar una revisión de las tarifas eléctricas, ya que subirlas aumentará la pobreza energética en los próximos años, así como establecer medidas que las propias personas consumidoras puedan asumir para reducir el gasto energético.

Origen del concepto

El término de pobreza energética (en inglés, fuel poverty o energy poverty) surge en el Reino Unido, en la década de los setenta, en un período en el que los hogares, con un nivel de renta comparativamente menor al actual, tenían que hacer frente a unos costes energéticos mayores, en parte como consecuencia de la crisis del petróleo pero, también, debido a la escasa eficiencia energética de las viviendas. Pero no fue hasta 1991 cuando fue definido por primera vez por Brenda Boardman. Aunque originalmente este concepto se desarrolló para definir la incapacidad de los hogares para mantener una temperatura adecuada en la vivienda, actualmente tienden a considerarse también, además de la calefacción, el resto de necesidades energéticas (iluminación, agua caliente, refrigeración, cocina, electrodomésticos, etc.).

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